Thursday, October 25, 2007

Heights Cartoon-Trick or Treat



También pensaba que esto quedaba claro, pero hoy tomando café con Alicia le preguntamos a alguna gente y nadie lo entendió. Traté de usar una figura infantil, como lo hacía el caricaturista argentino Quino en su tira "Mafalda", para expresar una visión política de una forma más inocente, que inspire más empatía. Quise enseñar un niño-mundo haciendo trick-or-treating para enfatizar lo que los problemas del mundo piden de nosotros--adoptaremos una actitud negativa(trick) o responderemos a su pedido(treat)? La idea del niño-mundo y la perspectiva que pone al lector en la posición del adulto abriéndole la puerta, mirándolo desde arriba, pretende comunicar lo frágil e indefenso que es el mundo y el poder que tenemos para mejorarlo. El disfraz de esqueleto subraya la gravedad de los problemas.

Aparentemente he entendido mal la frase trick-or-treat toda mi vida. El truco no viene de parte del adulto sino del niño si no le dan un dulce. De todas formas... se podría interpretar la caricatura como un llamado a ayudar para evadir ser víctima de un truco. Es decir, habrán consecuencias si no decidimos actuar.

http://media.www.bcheights.com/media/storage/paper144/news/2007/10/25/Opinions/Todays.Cartoon.And.Quote-3056389.shtml

Thursday, October 18, 2007

Heights Cartoon-Myanmar/Burma


http://media.www.bcheights.com/media/storage/paper144/news/2007/10/18/Opinions/Todays.Cartoon.And.Quote-3040730.shtml?reffeature=htmlemailedition

Yo pensaba que quedaba bastante claro, pero ayer en el almuerzo mientras lo dibujaba mucha gente no lo llegó a entender, así que acá va un poco de contexto. Hace años que la gente de Burma es subyugada por un estricto régimen militar que rebautizó la nación como Myanmar. Muchos gobiernos todavía se rehusan a reconocer a estos gobernantes y a aceptar ese nombre. A comienzos de octubre, los monjes budistas, muy respetados en esta cultura, salieron a la calle a protestar, y así la miseria y el sufrimiento de este gente ocupó la primera plana de todos los medios por un momento. Lamentablemente, todo ya volvió a la normalidad y la gente de Burma no sólo carece de los derechos civiles y políticos básicos, sino que tienen serios problemas économicos... ¿mejor?

Tuesday, October 9, 2007

viaje a nueva orleans




El primer fin de semana de octubre visité dos ciudades, y ninguna de la dos queda en los Estados Unidos.

La primera es una ciudad de jazz en todas las esquinas, de “how you doing baby?,” de calles angostas y antiguos balcones de fierro, de barrios humildes pero pintadas de rosado y turquesa y amarillo patito, de pescados incrustados con pecanas, de sanguches gigantes en cafetines de mala muerte, de fiestas por cualquier cosa, y caimanes-mascotas con nombres de comida japonesa. Una ciudad inédita y sorprendente, donde todo es fusión, y donde la gente no puede dividir su identidad en fracciones como lo hacen sus vecinos del norte porque todos son un poco cajun, y criollos, y africanos, y latinoamericanos, italianos. La gente en la calle caminaba a mi paso, no necesariamente más lento, pero con menos urgencia que la gente de Boston. Hace tiempo que no me sentía tan en Lima.

En el bus camino a los pantanos vimos una ciudad de barrios abandonados, de casas a las que se les voló el techo, de puentes colapsados; una ciudad cuya población es casi la mitad que la de antes de Katrina, una ciudad que después de 62 billones de dólares sigue destrozada. Luego Valerie, una amiga de Lima que estudia en Tulane, nos contó del día a día en Nueva Orleáns, de sus clases sobre el tema en la universidad, de la corruptela del gobierno, del racismo, del clacismo, de la pobreza. Hasta en los mejores barrios hay que estar muy pendiente de la cartera, el streetcar todavía no va a los suburbios, los museos aún abren en horarios restringidos. Cosas pequeñas comparadas con el pueblo fantasma que es el Ninth Ward, pero que demuestran que hasta en las mejores zonas, Nueva Orleáns todavía anda cojeando. Cosas que no pasan en Estados Unidos. Problemas de fondo que fueron magnificados por el huracán, pero que ya existían antes.

Supongo que lo que más me chocó es que éstas no son dos ciudades sino una, y que queda en Estados Unidos. Yo ya me había hecho una idea algo clara de lo que era este país, pero ir al sur me ha abierto los ojos. Este país tiene una cultura bastante más rica de lo que yo pensaba, y la gente puede ser más parecida a mí de lo que creía. Sin embargo, también me he dado cuenta que la pobreza aquí también existe, como también la ineficiencia, y los problemas de fondo que tanto desmoralizan. Me impresiona encontrar un sitio donde me siento tán comoda aquí, pero también me parece inaceptable ver tal desastre en un país tan desarrollado.

Mi amiga Sonia fue a ayudar a los damnificados hace un tiempo, y me contó que después de esa visita decidió hacer un máster en ayuda social en lugar de uno en leyes. No podía creer, me contó, que la gente de Nueva Orleáns esté dándole gracias a dios en lugar de lamentarse, o que una señora a la que estaban ayudando a demoler su casa les haya preparado una batea de ensalada de atún y se las haya entregado con una sonrisa. Es la coexistencia de estas dos realidades lo que hace que te comprometa tanto esta ciudad, lo que te hace reconocer el potencial inmenso que tiene, lo que hace que te dé tanta rabia verla en tan penoso estado.

En fin, un viaje mucho más interesante de lo que imaginé. Todavía sigo un poco en Nueva Orleáns.

Rania Matar-artista comprometida


Va a sonar bastante bestia, pero siempre me ha costado mucho sentir el sufrimiento abstracto. Por ejemplo, sé que el África sufre muchísimo, pero realmente no puedo decir que lo siento. Cuando pienso en los pobres de África no me hierve la sangre como cuando recuerdo a los niños desnutridos del pueblo joven donde solía enseñar religión. Ese recuerdo me compromete a actuar, a volver a visitar, a conversar con el profesor que organizaba esos paseos, a estudiar muy fuerte para algún día poder impedir que otros niños sufran tanto como ellos. Sólo entiendo el sufrimiento cuando me tira cachetadas, cuando es tangible, cuando tiene nombre y hermanitos y le gusta cantar canciones de David Bisbal. Antes pensaba que para recibir cachetadas tenía que estar parada frente a esos niños, pero cada vez me doy más cuenta que hay otras formas. Menos efectivas quizás, pero de mayor alcance.

Hace unos cuantos sábados, fui con una amiga a visitar la galería donde trabajaba el año pasado y terminé de pura distraída en el “open studios” del distrito artístico de SoWa. Visité los talleres de muchos artistas, pero lo que más me impactó fueron las fotos de la libanesa Rania Matar. Confieso que conversé con ella tan sólo de temas bastante tontos y superficiales, pero me quedé muy impresionada con lo que le escuché decir a otro visitante. Ella era arquitecta en Watertown; la fotografía era tan sólo su hobbie, pero luego de una visita al Líbano, quedó tan impactada con el sufrimiento de su gente que decidió dedicarse por completo al arte. Lo que la diferencia de otros fotógrafos que tratan temas similares es que no enfoca la miseria sino la humanidad, la forma en que la gente reconstruye sus vidas, las memorias que se mantienen vivas entre tanta destrucción. Su lente capta la intimidad de esta gente, su sufrimiento particular, no la miseria abstracta de la guerra. Y es que ése es el sufrimiento que la compremete a actuar, a dejar a sus hijos en Massachussets y volver al Líbano a desarrollar estos proyectos.

Los niños y las mujeres de sus fotografías tienen en mí un efecto similar, aunque menos fuerte, que el recuerdo de los niños del pueblo joven limeño que yo visitaba. Supongo que ésta es una forma de hacer un arte que humanice, que responda a un compromiso sin ser panfleto, que inspire a otros a actuar, que sea remedio contra la apatía. Ya sabía algo sobre los problemas del Líbano porque un amigo de la uni es de allí y me estuvo enseñando fotos y conversando sobre sus experiencias. Sin embargo, la obra de Matar capta algo más. Le dio volumen y textura a esa empatía abstracta, y la convirtió en una preocupación más tangible. Les recomiendo que visiten su webpage: http://raniamatar.com/portfolio/index.html. Está buenísimo.

La dura vida del estudiante

Monday, October 8, 2007

La politica y Albert

Estoy tomando una clase de ética y política desde hace ya un mes, y aunque me he pasado leyendo artículos y libros sobre el tema, he encontrado la mejor respuesta en el correo de un amigo. Grande Albert!

"La política de los paises para mi no es más que una gran escala mucho mas compleja de las relaciones entre personas. Las personas pensamos diferente pero eso no es razón para enemistarse si uno es lo suficientemente maduro como para poder hablarlo. Cuando alguien ya prefiere imponer su norma no puede esperar más que hostilidades por la otra parte y cuando imponer su norma significa matar personas, encarcelar y torturar otros cuantos miles o millones no hay politica economica que lo maquille."

Albert Ardanuy Vidal

Thursday, October 4, 2007