Friday, September 28, 2007

tan solo escribo para dar las gracias

Poema de José Luis Mejía, el mejor profesor que nunca tuve, que sabe mucho de literatura, pero más aún de cómo vivir y cómo enseñar a vivir.

TAN SOLO ESCRIBO PARA DAR LAS GRACIAS

Nací en un mediodía de setiembre
cuando en el Sur el tiempo es primavera,
cuando se anima el sol y se levanta
cansado y remolón, de tanta siesta.
Tuve paz, tuve amor, tuve familia,
mi madre fue mujer valiente y buena,
mi padre fue varón bueno y valiente;
ambos me dieron decisión y fuerza.
Tuve la suerte de tener hermanos
y aunque nunca faltaron las peleas
somos aún un cuerpo que defiende,
leal y solidario, sus fronteras.
Tuve una infancia como cualquier otro,
entre la fantasía y la inconsciencia;
recuerdo que jugaba desde niño
con las manos tenaces de mi abuela.
Tuvimos, unas veces, vino y carne,
otras veces besamos la pobreza,
un tiempo anduve en carro y muchos años
tuve que andar a pie o en bicicleta.
Fui como todos, fui como ninguno,
jamás me acompañó la buena letra
y fui, por hablador y distraído,
una queja común de las maestras.
Me salvaban las notas, los guarismos,
los números que honraban mi libreta,
¡aunque yo me aburriera como un hongo
al "ma-me-mi-mo-mu" y su cantaleta!
Crecí bastante más de lo debido
y pronto comenzaron con las dietas,
con los dulces prohibidos, con las pastas
"que no debes comer, porque te aumentan".
Me dijeron "camina" y caminando
compartí parques, plazas y veredas,
primero con mi padre y de repente
con muchachas que son viejas ausencias.
Con audacia, victorias y fracasos,
llegué sereno hasta la adolescencia
y supe que el amor se viste, a veces,
de esa amiga que tiene lindas piernas.
Anduve con amigos de los cuales
conservo a los mejores, sin urgencias,
pasamos por los mismos desafíos
y compartimos lágrimas y piedras.
Conocimos mujeres para el rato,
unas en alquiler, otras en venta,
y dijimos mentira tras mentira
tan solo por un beso, ¡qué inocencia!
Nos lo jugamos todo en la partida
—que todo es nada cuando se comienza—,
y empezamos a hacernos un camino
a paso lento, sin pensar siquiera.
Cuando se es joven nunca pasa el tiempo,
lo mismo da verano o primavera,
se avanza sin volver atrás la cara,
sin extrañar las cosas que se dejan.
Nunca supe si estuve enamorado,
si fueron ilusiones o luciérnagas,
si alguno de los tantos abandonos
pudo llamarse amor, a ciencia cierta.
Sin embargo las quise como nadie
jamás en su existir podrá quererlas,
los otros se llevaron las caricias,
yo me robé su fe, simple y primera.
Un día le escribí algunas palabras
a la que entonces era la más bella,
alguien lo supo, comenzó a burlarse,
y desde entonces dicen: "es poeta".
Estudié abogacía por un lustro,
soy bachiller en leyes —sin ofensa—
decidí no ejercer la vez que supe
que la justicia se encontraba en venta.
Me volví profesor porque a los veinte
la mala paga del docente es buena,
y vi la luz de tantos maniatados
tras la ferocidad de una carpeta.
En ellos aprendí ganas, coraje;
valor y voluntad, aprendí en ellas;
mis alumnos le dan vida a mi vida
y una alegría insospechada, inmensa.
También he publicado algunos libros
que unos cuantos leyeron con paciencia,
y he descubierto que la vida tiene
algo de cierto y mucho de novela.
Tengo a mi lado una mujer que existe
sobre las olas de cualquier anécdota,
con un alma sencilla y generosa,
con pasión, voluntad e inteligencia.
Tengo una patria que no se limita
a la vulgaridad de las banderas
y una ciudad sin cielo a la que extraño
porque en ella nací, y ella me espera.
Tengo familia, amigos, libertad,
tengo tres perros y una biblioteca,
un corazón que late todavía,
un sueño, una emoción y algún poema.
Le debo tantas cosas a los tantos
que fueron guías, brazos, centinelas,
y soy mal pagador; pido disculpas,
siempre fui torpe cancelando deudas.
La vida es un hermoso sinsentido
y es dándole sentido que se eleva,
nos consuela, nos da, nos eterniza
y nos redime de nuestras miserias.
Tan solo escribo para dar las gracias
a todos, por su tiempo y su paciencia,
porque son cómplices en el milagro
de querer y querer y que me quieran.

José Luis Mejía

1 comment:

José Luis Mejía said...

Mi muy querida Lucía
no merezco tanta amor,
soy tan solo un impostor,
un nombre sin luz ni día.
Gracias por tu fantasía
que halla en mí lo que no tengo,
lisiado del alma, rengo,
sin pasado ni futuro,
soy tan solo un tiempo oscuro,
me ilumina tu abolengo.